IVA en los libros: Por qué debe mantenerse.

Este es un planteamiento “políticamente incorrecto”, como dicen los majaderos, pero con argumentos poderosos.
La compra de libros y artículos similares está gravada con la tasa general del 19%, lo cual ha recibido críticas permanentes, ya que es considerado como un atentado a la cultura y un desaliento a la lectura, práctica tan abandonada por la población chilena, especialmente por niños y jóvenes, progresivamente adictos a la TV y a los juegos electrónicos.
Cuando se estableció la tasa pareja, en 1975, en reemplazo del impuesto a la compraventa, se buscó reducir la evasión generalizada, la doble tributación y tener una carga neutra en la asignación de los recursos entre diferentes mercados. Esos fines han sido logrados con creces y en la actualidad es la principal fuente de ingresos tributarios; en efecto, el IVA es un gravamen básicamente recaudador. Las exenciones son mínimas, como ser a los servicios de educación y salud y no plenamente justificadas. Desde esa mirada, es óptimo y visto internacionalmente como un ejemplo a seguir.
Una de las ventajas de la tasa única es que evita la evasión, que era usual con las tasas diferenciadas. Cuando el pan estaba exento del impuesto a la compraventa, las panaderías ampliaron generalizadamente sus rubros de venta para boletear una gran variedad de “panes”.
En la actualidad, en las ventas de una librería tradicional existe una gran variedad de productos, no solamente libros. Entre los impresos es difícil diferenciar los de lectura de aquellos de lujo, que tienen fines preferentemente ornamentales y son adquiridos por compradores de altos ingresos. En la práctica, los sectores de bajos ingresos en general compran sus libros de vendedores “piratas” y los textos escolares los reciben gratuitamente en los establecimientos educacionales, gracias al notable crecimiento de este programa.
Por lo tanto, eliminar el IVA a los libros es un fuerte incentivo a la evasión y además favorece a los sectores de altos ingresos. Por lo demás, existe una alta correlación entre grado cultural y nivel de ingreso, afirmación que tampoco sería “políticamente correcta”.
El tema central es el fomento a la lectura y, en este sentido, el principal incentivo no es eliminar el tributo, que grava a los libros, no a la lectura. Hay que partir por erradicar drásticamente la venta “pirata”, frente a la cual hay demasiada “vista gorda” y solamente se persigue a los ambulantes y no a sus proveedores, donde está la raíz del mal.
En segundo lugar, fomentar la lectura a través de numerosos instrumentos, tales como el programa “LEO” que está siendo impulsado o el “maletín escolar”, tan injustamente criticado, por sectores interesados en que no tuviera éxito; no hay que ser demasiado perspicaz para identificarlos.
El sistema escolar es el principal canal para lograr efectos en despertar el interés por la lectura y crear hábitos. El financiamiento estatal de este tipo de acciones tiene plena justificación desde el punto cultural, educativo y también económico, porque cae en la categoría de los bienes que generan externalidades positivas.
Surge la pregunta sobre los principales beneficiados con la supresión del IVA a los libros. Obviamente son las editoriales y las distribuidoras, que son precisamente quienes organizan cada cierto tiempo el “lobby” necesario para mantener la presión sobre las autoridades. Hay que considerar que se estima que alrededor del 80% de las ventas internas de libros son importados o provienen de editoriales extranjeras que imprimen en Chile. En esta ocasión ha sido la campaña presidencial, en que el candidato Enríquez Ominami se mostró partidario de su eliminación, lo cual no es sorprendente ante el abanico de propuestas vendedoras propias de sus ideas post modernistas.
Esta propuesta es similar a otras muy populares, como la supresión del impuesto de timbres y estampillas o la rebaja del tributo a los combustibles, ambas regresivas y atentatorias a una mayor equidad. Respecto a este último caso, se puede leer un excelente trabajo del columnista del DF, Claudio Agostini, publicado por la Universidad Alberto Hurtado. (“¿Quién paga el impuesto a la gasolina?”).

Andrés Sanfuentes | Columnista | Diario Financiero Online
Viva el IVA a los libros

Miércoles 21 de octubre del 2009

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