La Elusión Tributaria de los candidatos

Bobbio no andaba perdido cuando explicó de la siguiente manera la diferencia entre izquierda y derecha: “el gobierno debe encontrar algunas decenas de miles de millones de liras para equilibrar las cuentas del Estado. Si estos millones serán sacados preferentemente de los bolsillos de los trabajadores, la operación será de derechas; si saldrán de la caja de los ricos, será de izquierda”. Una diferencia que desarrolló en “Derecha e izquierda”, libro en que rescató la díada que algunos querrían ver sepultada para presumir de hacer política manca, o ambidiestra, o, peor, amparada en la cómoda palabra “centro”.

El tema tributario ha sido eludido por dos de los candidatos presidenciales, quienes sólo han sido capaces de declarar que están abiertos a considerarlo en un futuro gobierno, aunque sin adelantar propuestas sobre el particular. ¿Razones? Bueno, la derecha nunca quiere oír hablar de impuestos, porque sólo quiere oír hablar de propiedad, mientras la Concertación considera que, atendida la crisis, no es oportuno referirse al asunto. Algo parecido a lo que ocurre con las reformas laborales, porque nunca es el momento apropiado para discutirlas: cuando el país crece y el desempleo baja, porque podríamos perder el impulso que llevamos; y cuando el país no crece y el desempleo es alto, porque las cosas podrían empeorar si se otorga prioridad a los derechos de los trabajadores.

¿Tienen alguna explicación esos candidatos para que la carga tributaria represente en Chile un menor porcentaje del producto que el que exhiben países con similar grado de desarrollo?

¿Les parece coherente prometer que van a expandir las políticas sociales del actual gobierno y mantener una carga tributaria como esa?

¿Les resulta indiferente que profesionales exitosos tributen hasta el 40% de sus ingresos y que empresarios muchísimo más exitosos paguen sólo un 17%?

¿Les parece decoroso que a trabajadores dependientes se les descuente mes a mes su impuesto a la renta, mientras las empresas donde laboran contratan legiones de abogados y contadores para que ideen resquicios destinados a eludir los impuestos que a ellas corresponde pagar?

¿Les parece justo que profesionales independientes vendan servicios camuflados de empresarios, es decir, ocultos en sociedades que responden sólo al propósito de eludir impuestos, mientras los dependientes ven descontado automáticamente su impuesto a la renta en la liquidación de sueldo?
¿No advierten acaso que el IVA —que provee casi el 50% de la recaudación fiscal— es también un impuesto a la renta para las personas y que implica para ellas una doble tributación, puesto que a los trabajadores se les grava en sus ingresos cuando éstos entran a formar parte de su patrimonio, a través de la retención que se les practica, y acto seguido cuando gastan esa misma renta en la compra de bienes y servicios necesarios para su subsistencia?

¿No tienen nada que decir respecto del escándalo que significa hacer el supermercado, comprar vehículos con fines domésticos o sacar a la familia a comer el fin de semana como si se tratara de gastos de una empresa, pidiendo factura y no boleta, y quedando en situación de recuperar el IVA correspondiente a adquisiciones personales como esas?

¿Les parece ético que se impartan cursos de “Planificación tributaria”, denominación algo cínica para aludir a la formación de expertos que asesoran a empresas en triquiñuelas destinadas a licuar sus deberes tributarios?

Hay aquí comprometidos aspectos de política fiscal, de legislación tributaria y de mera fiscalización, aunque resulta candoroso pensar que para conseguir una mayor y más justa recaudación sólo es necesario continuar mejorando el tercero de tales aspectos. Pensar de esa manera es lo que, tributariamente hablando, hace de Chile un país de derecha.
Agustín Squella
Viernes 16 de Octubre de 2009
Justicia tributaria
El Mercurio, sección Opinión.

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