Sistema tributario chileno: la opinión de Deloitte

Equidad y eficiencia tributaria

En muchos países se ha buscado la forma de introducir mayor equidad en el pago de impuestos a través de franquicias. Entre las más “populares” está descontar gastos asociados con la salud, educación o vivienda, y aquellos incurridos para generar renta. Los mecanismos utilizados van desde descontar montos prefijados en relación con las cargas familiares, hasta complejos sistemas que incluyen la presentación de cada documento necesario para justificar cada una de las rebajas.

Sin polemizar sobre la mayor o menor equidad de los sistemas tributarios, lo cierto es que mientras más complejo, mayores son las posibilidades de que aumente su ineficiencia en términos de recaudación. Está comprobado que mientras más franquicias, exenciones, impuestos específicos o diferencias de tasas, más difícil es la fiscalización, y por ende, aumenta la evasión.

Sólo un par de ejemplos: hay países que “incentivan” la educación eliminando el IVA a los textos escolares. Como resultado, se venden muchos más textos que en países donde estos sí pagan IVA. Pero ¿realmente en esos países se compran más textos escolares? La respuesta es no. Lo que pasa es que se venden muchos libros “como si fueran” textos escolares. Y para evitar esta evasión, se deben destinar enormes sumas de dinero y muchas horas profesionales a fiscalizar.

También es usual encontrar sistemas donde las personas naturales tributan con tasas más altas que las empresas o sociedades, aun cuando realicen las mismas actividades. En esos países, los servicios y actividades son mayoritariamente prestados por empresas formadas por personas, que o son los únicos dueños, o tienen un 99% de los derechos o acciones.

Para ser eficiente, un sistema tributario debiera basarse en muy pocos impuestos, simples de entender y de cumplir y, sobre todo, sin franquicias ni exenciones. En este contexto, el ideal es un impuesto a la renta con tasa fija y un IVA parejo, que grave todas las ventas y servicios. Esto es mucho más eficiente desde el punto de vista de la recaudación y de la fiscalización, ya que se eliminan los incentivos y las “posibilidades” de evasión, con un ahorro ostensible en los gastos que implica fiscalizar.

Es cierto que impuestos parejos puede resultar injustos para los más pobres. Pero si concordamos en que el sistema tributario no es una herramienta de política económica y social, y que hay otras formas de redistribuir el ingreso, las “injusticias” de la tasa plana pueden resolverse por la vía del gasto. Por ejemplo, una persona que percibe una renta de $400 mil mensuales, y que por lo tanto está exento de impuesto a la renta, con una tasa del 20% deberá pagar $80 mil de impuestos. Esos mismos $80 mil, el Fisco se los puede reembolsar haciendo un aporte directo a su isapre o a su AFP, con lo que su disponible mensual se mantendría inalterado, ya que lo que destinaba al pago de estas prestaciones, ahora las tendrá como ingreso.

En otras palabras, existen mecanismos directos para neutralizar el efecto de una tasa plana en los contribuyentes de menores ingresos y, sin duda, es muchísimo más eficiente desde el punto de vista de la recaudación y cumplimiento tributario.

Para ser eficiente, un sistema debiera basarse en muy pocos impuestos.

ALVARO MECKLENBURG

Abogado

Socio de Tax & Legal Deloitte
EL Mercurio, 2 de noviembre de 2009.

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