¿A quién favorecen los beneficios tributarios en Chile 2?

La respuesta de Landerretche a Agostini

La semana pasada Claudio Agostini en su columna regular escribió sobre la necesidad de tener en Chile algo parecido al Congressional Budget Office (CBO) de EE.UU. Su argumento, en términos simples, era que en países con fuertes ventajas en recursos naturales existen rentas que suelen ser capturadas institucionalmente por grupos de interés. La fuerza de estos intereses haría difícil que el Parlamento y el Ejecutivo legislaran con independencia de los lobby que financian sus campañas. La solución, propone, podría ser una oficina independiente que emita juicios técnicos sobre las propuestas de política pública de los parlamentarios o el ejecutivo.
Para alegría de Claudio, esa propuesta se encuentra en el programa de gobierno de Eduardo Frei. Es más, es una propuesta que se hizo en agosto en la visita de Frei al Centro de Estudios Públicos y que llamamos Oficina de Evaluaciones y Presupuestos Parlamentaria (OEPP). La idea es que la oficina ayude a los parlamentarios a certificar propuestas que no tienen impacto presupuestario neto, pero que generan mejoras en el uso de los recursos, y un procedimiento para que estas propuestas sean procesadas rápidamente en el gobierno.
En términos simples, la idea es generar un “fast track” para las propuestas del Parlamento que, en lenguaje de economista, sean “mejoras de Pareto”, es decir, mejoras sociales indiscutibles en que alguien gana y nadie, o muy muy pocos, pierde. Al tener una ventanilla de este tipo, uno le colocaría a los parlamentarios el incentivo de ayudar en la constante reforma del Estado y construirse un currículo de reformadores frente a sus electores. Los parlamentarios que, en cambio, privilegien solamente propuestas que requieren recursos adicionales, tendrían que recorrer el “slow track” presupuestario.
Adicionalmente, y recogiendo el espíritu de la propuesta de Claudio, la OEPP podría emitir un informe técnico, elaborado por equipos profesionales políticamente transversales sobre las consecuencias distributivas y la eficiencia de los proyectos de ley.
Lo que hay de fondo a esta idea es, por supuesto, la vieja idea de Montesquieu de que como es prácticamente imposible generar instituciones que no sean capturadas por intereses, tiene sentido generar una red de instituciones que se vigilen entre si; que ejerzan “controles y contrapesos” o como lo llaman los gringos “checks and balances”. La separación de los poderes es, por supuesto, la forma más universal y clásica que ha tomado este principio, pero la independencia del Banco Central o la institución del Ombudsman son otras aplicaciones, más modernas, de la misma idea.
Necesitamos “checks and balances” en el proceso de discusión técnica de políticas públicas. Esto porque, a pesar de que lo quisiéramos, los resultados de la indagación técnica no son transparentes para todos los ciudadanos. Es deseable entonces que haya equipos técnicos compitiendo… o si se quiere “controlando y contrapesándose”.
En nuestra propuesta programática hemos querido aplicar a profundidad este concepto en el capítulo dedicado a mejorar las políticas públicas, que se puede leer en extenso en http://efrei.cl/laspropuestas/hacia-mejores-politicas-publicas. Por ejemplo, hemos propuesto el establecimiento de una Dirección de Evaluaciones (Direv) en el Ministerio de Hacienda, que sea paralela a la Dirección de Presupuestos y que tenga como mandato certificar y calificar las evaluaciones de todos los programas y políticas del Estado. Nuevamente la Direv serviría para establecer “checks and balances”, esta vez al interior de Hacienda.
A medida que nuestro país ha ido superando etapas de desarrollo, el ámbito de políticas públicas se ha vuelto mucho más heterogéneo. Las políticas públicas tienen cada vez más dimensiones y variables, son cada vez más difíciles de diseñar y sus efectos más complejos.
Mientras nuestro país no solucione los déficits en el área de la formulación y evaluación de políticas públicas, va a continuar siendo preso de un dilema innecesario. Esto es, el tener que optar entre un inmovilismo extremo, alimentado por el temor al mal uso de recursos; y un voluntarismo extremo, alimentado por la impaciencia.
Una parte de este desafío se puede abordar con el establecimiento de agencias de evaluación de políticas públicas que compitan entre si y que, en el ámbito de la evaluación técnica de programas o proyectos se controlen y contrapesen.Controles y contrapesos

Miércoles 30 de diciembre del 2009

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