¿CONSECUENCIAS TRIBUTARIAS DEL BREXIT?

¿CONSECUENCIAS TRIBUTARIAS DEL BREXIT?

Los resultados del referéndum en el Reino Unido han causado un gran ruido cuyos ecos están llegando a lugares tan lejanos de ese epicentro como Chile. Lo cierto es que el hecho de que Gran Bretaña salga de la Unión Europea (UE) es un golpe verdaderamente fuerte para Europa y el mundo, tanto política como social y económicamente, con consecuencias futuras inciertas.

Sin embargo, si analizamos los efectos del llamado Brexit desde el ámbito tributario, en el corto y mediano plazo no deberían generar mayores cambios. Por ejemplo, las actividades BEPS (Base Erosion and Profit Shifting), que buscan agrupar a las autoridades tributarias de sus miembros y coordinar sus acciones para combatir la elusión fiscal internacional, seguirán su curso de manera normal. De hecho, nadie sugirió que esas acciones se verían menoscabadas ni retrasadas en caso de Brexit.

En materia de precios de transferencia, las operaciones de los grupos económicos seguirán cada vez más fiscalizadas por los diferentes países. De hecho, aparte del tema migratorio, la gran mayoría de quienes votaron a favor del “Leave” -según ellos mismos lo han dicho- lo hicieron porque perciben que las grandes empresas se llevan la riqueza desde sus países. Por lo tanto, el Brexit puede interpretarse como un anhelo de los británicos comunes y corrientes por forzar a sus gobernantes a ser más duros en cuanto a la normativa y fiscalización relativa de los flujos de capitales, bienes y servicios entre empresas relacionadas que van de uno a otro país.

Chile, aparte de sus tratados con la UE, tiene un convenio para evitar la doble tributación internacional y de intercambio de información con el Reino Unido, de modo que estas materias seguirán aplicándose con fuerza, aun con el Brexit.

Nuestro país, por lo demás, pertenece a un bloque, la Organización para el Desarrollo y Cooperación Económica (OCDE), cuya sede está en París, y si bien los países de Europa tienen un peso específico en ella, la presencia de socios como Estados Unidos y México permite equilibrar la balanza y quitar un poco de la presión que significará el abandono de la UE por Gran Bretaña.

La OCDE, fundada en 1960 como resultado del Plan Marshall (que salvó a Europa de la miseria tras la Segunda Guerra Mundial), ha ido persiguiendo fines similares en lo doctrinal a los de la UE (integración, básicamente), pero se ha basado mucho más en cooperación que en una unión de jurisdicciones, monedas o fronteras, convirtiéndose en un colectivo de economías donde todos los miembros, incluyendo al Reino Unido, deben sentirse bien cobijados. Por esto, tanto nuestra participación en la OCDE como la implementación de sus políticas nos seguirán por un buen tiempo más, con o sin Brexit.

Fuente: PULSO

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