Regulación y Captura en la Libre Competencia.

El Tribunal de la Libre Competencia ha pasado, con su fallo, un importante y necesario rito de iniciación. Nos ha traído el cuerpo de un búfalo desde las planicies y lo ha puesto a nuestros pies

Todas las tribus tienen ritos de iniciación. En la carrera militar azteca, la adultez se lograba al capturar un prisionero en batalla. Capturar cinco, por otro lado, los convertía en altivos cuauhtli (guerreros águila). Antiguamente, entre los Maasai de Africa suroriental, el paso a la categoría de guerrero se lograba con la cacería de un león u otro de los depredadores de su ganado. Hoy en día está prohibido, pero de todos modos los jóvenes deben resistir una dolorosa circuncisión a la edad adolescente y un período de soledad en las afueras de la comunidad valiéndoselas por sí solos. El resultado es el mismo: cicatrices y templanza. A los jóvenes espartanos se les enviaba a probarse a los trece años en una temporada de supervivencia en la soledad de los montes del Taigeto. Entre los Comanches, los jóvenes sólo pasaban a la categoría de bravos al cazar su primer búfalo. Hasta el día de hoy en los procesos de instrucción militar existen, de un modo u otro, ritos de iniciación e incluso en nuestra cultura tenemos una curiosa deformación de este fenómeno en la iniciación de cada año académico universitario: el infame y horrendo mechoneo. Todos los ritos de iniciación tienen un sabor a futilidad. No es realmente eficiente, en términos estáticos, someter a los jóvenes a estos procesos, no se logra nada productivo en sí mismo. Son, simplemente, partes de un proceso de selección y signaling. Los ritos de iniciación sirven para elegir entre los jóvenes a aquellos con los que se puede contar cuando las papas queman. Tienen que hacerse en situaciones gratuitas, porque, cuando hay cosas reales en juego, no puede haber errores. El rito de iniciación es necesario porque como sociedad necesitamos saber, antes de que realmente lo necesitemos, que el guerrero se atreve a matar. Hoy en día no estamos necesariamente tan seguros de que nuestras instituciones sean capaces de enfrentar y resistir la descomunal fuerza del poder empresarial. No estamos seguros de si las convicciones técnicas de los reguladores sobreviven a la captura gremial, hoy, en Chile. De hecho, mi impresión es que hoy casi todos creemos que el Estado chileno se encuentra capturado de un modo u otro. La mayor parte de la Concertación -justificadamente o no- siente que su tecnocracia está bastante capturada por el poder empresarial. La tecnocracia -demostradamente o no- siente que la base política de la Concertación se encuentra capturada por los sindicatos. Todos estamos de acuerdo con el presidente Lagos y su aseveración de que en Chile las instituciones funcionan. De funcionar funcionan, de imponer su voluntad la imponen, pero no necesariamente estamos tan seguros de que operen en función del bien común y no del de intereses especiales. Por ello, en mi opinión, el Tribunal de la Libre Competencia (TLC) ha pasado, con su fallo de la semana pasada, un importante y necesario rito de iniciación. Nos ha traído el cuerpo de un búfalo desde las planicies y lo ha puesto a nuestros pies. En gran medida la pregunta de si era necesario matar ese búfalo, de si era necesario adicionar su carne salada a nuestras reservas para el invierno, es separable del significado y validez del ritual en si mismo. Ahora sabemos que tenemos un tribunal dispuesto a enfrentarse al vasto poder del capital en un país pequeño en que todos nos conocemos y en que, tradicionalmente, las cuentas se cobran. Los anteriores fallos fueron un entrenamiento que duró varios años en que se fueron tonificando los músculos y los reflejos. Este fallo fue el rito de iniciación, ahora tenemos un tribunal antimonopolios adulto con ajuar y pintura de guerrero. El búfalo está a nuestros pies. El círculo de sabios sabe ahora que cuenta con un bravo más. El nuevo guerrero apenas se sostiene en su agotamiento. Fue dura la prueba (quizás no ha terminado aún). Su piel se encuentra rasguñada y llevará para siempre las marcas que las garras de su primera víctima dejara en su agonía. Pero -y éste es el sentido de todo rito de iniciación- sabemos que puede matar. Hasta hace poco no estábamos seguros que lo teníamos. Quizás por eso no hablábamos tanto de él. De ahora en adelante, contaremos historias sobre sus aventuras a la luz de nuestras fogatas. Les contaremos a los jóvenes y entusiastas estudiantes de economía sobre el Tribunal de la Libre Competencia de Chile.
Ritos de iniciación
Oscar Landerretche
Diario Financiero, 8 de febrero de 2008.

Nota de derechotributario.cl
Interesante y descarnado análisis de los obstáculos para el logro y consolidación de la independencia de los reguladores, aplicable también en el ámbito tributario chileno.

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