El impuesto a los combustibles por C. Agostini

Aunque no nos guste pagar impuestos, el impuesto a los combustibles es un instrumento óptimo para reducir la congestión y la contaminación

La renovación del Fondo de Estabilización de Precios de Combustibles y el alza del petróleo reabrieron el debate respecto al impuesto a los combustibles. Muchas de las opiniones se basan en mitos que son importantes de derribar. Adicionalmente es necesario señalar verdades que con frecuencia se omiten en la discusión.

Mito 1: El impuesto lo paga la clase media. De acuerdo a la encuesta origen-destino, 38,5% de los viajes en Santiago se hacen en forma no motorizada (caminar, bicicleta). Ninguno de esos viajeros paga impuesto a los combustibles. Un 25,9% viaja en bus, por lo que paga indirectamente impuesto al diesel que es mucho más bajo que el de las gasolinas. Finalmente, un 23% viaja en automóvil y estos son quienes más pagan el impuesto. Sin embargo, los autos se concentran en comunas con altos ingresos. Por ejemplo, hay 615 vehículos por cada mil personas en Vitacura y sólo 22 por cada mil en La Pintana.

Mito 2: La recaudación aumenta al subir el precio del petróleo. El impuesto específico es un impuesto por metro cúbico, es decir, depende de la cantidad consumida y no del precio. Si sube el precio del petróleo la recaudación disminuye porque la cantidad consumida baja.

Mito 3: Una baja en el impuesto se traspasa completamente a consumidores a través de un menor precio. No hay garantía de que esto ocurra. En 2000 en Estados Unidos el impuesto a las gasolinas se redujo en 5% durante un año en Illinois y en Indiana. El resultado fue que los precios bajaron sólo 2,7%. Esto ocurre cuando los mercados no son competitivos y me parece más relevante para Chile discutir la existencia de poder de mercado en la industria de los combustibles, incluyendo Enap, que la baja de impuestos.

Verdad 1: El impuesto a los combustibles es eficiente y corrige fallas de mercado. El consumo de combustibles genera externalidades negativas, algunas en forma directa, como la contaminación, y otras en forma indirecta, como la congestión y los accidentes de tránsito.

Aunque no nos guste pagar impuestos, el impuesto a los combustibles es un instrumento óptimo para reducir la congestión y la contaminación, ya que aumenta el costo de manejar, tanto para los vehículos nuevos como para los usados y, adicionalmente, incentiva la compra de automóviles más eficientes en el consumo de energía.

Verdad 2: Los automóviles a diesel contaminan más y pagan menos impuestos. El impuesto al diesel es 1,5 UTM por metro cúbico y el impuesto a las gasolinas es 6 UTM por metro cúbico, como resultado el número de autos a diesel ha aumentado un 47% en los últimos 3 años. El problema es que los automóviles a diesel emiten 5 veces más óxido de nitrógeno que los automóviles a gasolina y además emiten material particulado.

Contrario a lo que algunos creen, la solución no es igualar la tasa de impuestos porque el diesel también se usa como insumo productivo. La teoría de impuestos óptimos establece que nunca se debe poner un impuesto a los insumos sino que hay que hacerlo a los bienes finales. Por ello, la solución consiste en poner un impuesto a los automóviles diesel. Esto desincentivaría su compra, disminuyendo las emisiones de los vehículos livianos y sin distorsionar los procesos productivos de industrias que usan diesel como insumo.

mirada económica

Mitos y verdades del impuesto a los combustibles

Diario Financiero 9/7/2007
Claudio Agostini

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